viernes 19 de enero del 2018

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jueves 28 diciembre de 2017

Bosques nativos: volver a empezar después del fuego

El bosque andino patagónico es un ecosistema de valor incalculable. La acción irrefrenable del ser Humano deja sus huellas también en esta porción del planeta. Nuestra divulgadora científica revela detalles de los temidos incendios forestales y brinda herramientas necesarias para evitarlos.

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En la ladera de la cordillera de Los Andes, al Oeste de la Patagonia argentina, emerge el bosque andino-patagónico, ecosistema valioso, atractivo, productivo, vulnerable. Tiene al Norte y al Este el diferente y contrastante paisaje de la estepa arbustiva, ya que en el bosque las lluvias son abundantes, pero dejan de serlo en la estepa.

El bosque encierra en su espesor algunas especies de alto valor por la calidad de su madera. La explotación forestal existe desde que se conquistó el lago Nahuel Huapi en la ciudad de Bariloche, provincia de Río Negro. En ese entonces la madera se extraía en forma desautorizada y se llevaba a Chile, para su venta en aserraderos.

Arrayanes en Neuquén

Hay datos acerca de la instalación permitida de un establecimiento maderero, en Las Lajas en Neuquén, a fines del 1800, junto con un emprendimiento ganadero y otro saladero. Y en San Martín de Los Andes, se estableció el primer aserradero en 1900, a manos de un suizo y un francés.

Hasta 1948 no se registran acciones proteccionistas sobre el patrimonio forestal, fue a través de instituciones oficiales como el exIFONA (Instituto Forestal Nacional), con una sede en Esquel, que se promovieron la forestación, experimentación y aprovechamiento forestal sustentable, en Epuyén, Cholila, Esquel, Trevelin, Corcovado y Lago Vintter, en donde se originaron áreas boscosas implantadas, con la introducción de coníferas de crecimiento rápido.

Las especies nativas – que se encuentran sólo en Chile y Argentina- destacadas en mayor medida son el ñire, el alerce, la lenga y el ciprés, estos dos últimos de gran valor comercial, pero también hay pinos, sauces, coihues, raulíes, en menor proporción.

El bosque es un patrimonio en peligro, que como siempre, por la presencia humana y sus actividades, está afectado en su permanencia. La amenaza que acecha es el fuego, producto de una reacción química en cadena que origina desprendimiento de luz y calor por la combustión que se inicia. Es un típico fenómeno químico irreversible en el que el combustible a encenderse es el propio bosque.

Los incendios forestales que destruyen bosques nativos

Según sea la vegetación en combustión, el color del humo será blanco si se trata de pastizales o hierbas; será gris claro si alcanzó matorrales y arbustos no muy frondosos y gris más oscuro si son más frondosos; veremos humo más amarillo cuando se queman las coníferas (pinos, aracaurias) y será negro si el fuego ataca sustancias químicas con alta concentración en carbón ( cartones, gomas, etc.) o por la misma concentración de la vegetación.

Más negro y denso es el humo, más daño hace al ambiente, es decir que se trate de lo que se trate, no alcanzarán las lágrimas para llorar las consecuencias que deja el fuego, por la pérdida del bosque y por el daño ambiental.

Los incendios forestales, intencionales o no, y la incapacidad para prevenirlos y/o controlarlos son los factores más traumáticos en la región. Un incendio forestal afecta la vegetación completa del bosque y puede extenderse por miles de hectáreas, ocasionando distintos efectos negativos en el suelo, en flora, fauna y obviamente en los bienes que encuentra a su paso; así también afecta en otros sentidos, al agua, a la captura de dióxido de carbono, a la emisión de oxígeno, a los recursos alimenticios de las distintas especies animales, y otros daños colaterales.

Quiero decir que aparte de la riquezas económicas que produce cuando se trata de actividad comercial controlada, los árboles son beneficiosos para el ambiente y los seres vivos, porque “fabrican” oxígeno a partir del proceso químico-biológico de la fotosíntesis, porque retienen humedad disminuyendo la erosión hídrica, protegen zonas débiles como las cuencas de los ríos, colaboran con la disminución de gases nocivos para la atmósfera cuando absorben el dióxido de carbono de las emisiones por combustión de combustibles fósiles.

Los bosques de la Patagonia

Vale la pena aclarar, que el crecimiento de un árbol se acelera a medida que envejece, y gana en capacidad de retención de gases dañinos. En algunos casos, los ejemplares grandes pueden llegar a sumar en un año, el carbono equivalente al fijado por uno de tamaño mediano a lo largo de toda su vida. Este hecho en términos del calentamiento global, es un tesoro que se pierde cuando ese árbol se quema.

La recuperación del bosque es trabajosa, porque muchas veces se superponen eventos negativos, es lo que sucede cuando el ganado doméstico pisotea las cenizas y las plantas que rebrotan. Hay un enfoque basado en la restauración ecológica, esto es ayudar al restablecimiento de un ecosistema degradado. Podría ser por ejemplo, el retiro del ganado mientras se regenera el suelo y la flora, y/o la plantación y siembra de especies nativas perdidas.

Es decir que después del fuego, hay que volver a empezar: “no podemos engañar a la naturaleza, pero sí podemos ponernos de acuerdo con ella.” Antonio Gaudí.

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