miércoles 18 de octubre del 2017

Columnistas

Por: Alejandro Maglione

@MaglioneSibaris

miércoles 9 agosto de 2017

El disfrute de construir puentes de pura Patagonia

Nuestro sibarita preferido está dispuesto a circular por los puentes tendidos por el turismo y la gastronomía entre Argentina y Chile. Un recorrido de sabores y costumbres con Periodistas del mundo y cocineros patagónicos que no saben de fronteras.

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Uniendo las Patagonias. No podemos negar que sentimos algo de escozor al cruzar al sur del territorio chileno y escuchar que hablan de la Patagonia chilena. Los argentinos generalmente creemos que la Patagonia como territorio es patrimonio de nuestro país, siendo que la realidad geográfica y social es contundente: hay modos de vida, cocinas, climas, etcétera que nos relacionan a uno y otro lado de la cordillera austral.

Pucón

ENBIGA. Esta sigla significa Encuentro Bioceánico Gastronómico. Es una idea que concibió el barilochense adoptivo Carlos Snaimon, y que está en sus primeras ediciones.

El año pasado un grupo de periodistas argentinos, particularmente de medios operativos en distintas localidades de Neuquén y Río Negro, junto a unos españoles encantadores; un uruguayo sorprendido y un matrimonio ecuatoriano que defendió con uñas y dientes el sentarse a la mesa con su sombrero típico, que los conocedores lo llaman como en su tierra “jipi-japa”, y no el horrible bautizo internacional como “Panamá”. Había también una dama chilena. En fin, un popurrí muy interesante.

Éramos literalmente una armada Brancaleone, que no paraba de subir y bajar de pequeños buses y que no parábamos de vivir experiencias vinculadas a la gastronomía y el turismo a cada kilómetro que avanzábamos.

El 2017. El de este año luce igualmente ordenadamente anárquico. Hay dos grupos, uno recorre parte del territorio chileno hasta Puerto Montt. En ese no seré de la partida. El otro recorrerá bodegas próximas a General Roca en Río Negro. Luego se regresa a Cipoletti y está programada visitar la granja La Toscana, donde hace de las suyas uno de los mejores queseros de la Argentina: el esquivo Mauricio Couly.

Mauricio Couly y sus quesos

Luego viene un confluir en masa hacia Villa Pehuenia, que seguramente lucirá rodeada de nieve a tenor de lo que viene sucediendo con el clima de este año en nuestra región. Y digo confluir, porque habrá un grupo que previamente habrá pasado por Pucón, Puerto Montt, Puyehue del lado chileno, para desembocar a reunirse con el resto del grupo que quedó del lado argentino.

Imagino un desafío para el lugar el que esta bandada de cocineros, periodistas, curiosos de todo tipo, irrumpa en la calma de esta villa que luce no tener apuro por volverse más famosa. Apenas Dolli Irigoyen la saca una vez por año de cierto letargo comunicacional, pero nada demasiado intenso como para volverla famosa

Para el día 3 se prometen más y más visitas a Villa Pehuenia. No hay detalles. En general Carlos Snaimon y los suyos son más afectos a sorprender a esta patota hambrienta. Los programas hablan de “intervenciones gastronómicas”, donde en otros programas se habla de cocineros y comidas específicas. Como una especie de interminable “Menesunda” las cosas van pasando y generalmente son gratificantes.

Villa Pehuenia, en Neuquén

En el día 4 todos partiremos a Caviahue, donde se prometen más intervenciones y una visita a una fábrica de cerveza local.

El día 5 se parte a Copahue donde tiene reservado a los valientes participantes una “experiencia termal”. No, los participantes tampoco sabemos de qué se trata. En todo caso no se nos ha advertido de poner un traje de baño en nuestros bolsos. Dos intervenciones más señalan que la comida no faltará en ningún momento.

Para los que hayan sobrevivido, el día 6 transcurre en San Patricio del Chañar, como decía la canción “de bodega en bodega”, y siempre con las promesas de más “intervenciones”, que prometen agregar kilos a las siluetas.

Conclusión. El ENBIGA promete. Pero lo que más promete es una intensa convivencia de argentinos y chilenos, mostrando los paisajes que tiene que ofrecer esta Patagonia inagotable. Claro que no es ni será la única experiencia de cocineros, periodistas y curiosos yendo de un lado para el otro. Es de desear que todos los organizadores y los espontáneos –que hay muchos también- sientan la vocación por comunicar lo que se hace. Porque hay un sabio principio que dice: lo que no se comunica, no existe.

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