domingo 19 de noviembre del 2017

Columnistas

jueves 9 noviembre de 2017

La Patagonia, un imán para científicos y exploradores

La región patagónica es aún hoy, sinónimo de territorio misterioso y en extrema relación con la Naturaleza. Exploradores, aventureros, científicos y buscadores del comienzo de los mundos han llegado a estas tierras a lo largo de la historia. Aquí, un recorrido interesante por algunas de esas misiones que dejaron huella.

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Transcurriendo los años 1800, mientras las luchas internas desangraban a la Argentina naciente, los países europeos con ansias de conquistas e inversiones, volvieron a mostrar interés por las tierras del Sur de Latinoamérica. Incluso los mismos gobiernos argentinos estimularon viajes exploratorios hacia esos territorios, intentando reconocer formas de estudio o de apropiación.

El primero fue Charles Darwin, el naturalista inglés que tripuló el bergantín “Beagle” con el que viajó alrededor de todo el mundo durante 5 años. En nuestro país visitó Buenos Aires y la costa patagónica, en donde realizó investigaciones sobre ciencias naturales y fortaleció los estudios que lo llevaron a formular la Teoría de la Evolución de las Especies, la que explica que los seres vivos no aparecen de la nada, sino con un origen y un desarrollo que cambia gradualmente, hasta evolucionar a otro ser vivo distinto.

El Beagle de Darwin

También tomó contacto con los indígenas del sur visitando Puerto Deseado, Puerto San Julián, el río Santa Cruz, la Islas Malvinas -que recientemente habían sido ocupadas por los británicos- y Tierra del Fuego.

El geólogo y paleontólogo francés Alcide D’Orbigney pasó 8 meses en Carmen de Patagones, estudiando indios. Clasificó a los distintos pueblos y en sus observaciones relacionándolos con los blancos, concluyó escribiendo que eran salvajes porque no tenían los mismos hábitos que los europeos, incluso estableció distingos en el físico, la lengua, la religión, sin comprenderlos como diferentes. Esta postura influyó mucho en la literatura y la política argentina y chilena, ya que a partir de sus dichos se consideró al indígena como enemigo.

El marino argentino de Carmen de Patagones, Luis Piedrabuena, navegante incansable de las costas patagónicas, las recorrió hasta las Islas Malvinas izando nuestra bandera en el Cabo de Hornos en el extremo sur. Fue precursor en la defensa de los derechos argentinos en la zona austral. Su historia es amplia, como para resumirla en esta breve reseña, porque cada momento de su vida como viajero estudioso, refiere a hechos heroicos en favor de la Patagonia argentina.

La figura de Piedrabuena se replica en toda la región

Fue ejemplo de prócer, exquisitamente definido por Felipe Cárdenas (h) en su obra “Piedrabuena, el buen patagón” como arquetipo del caballero criollo y del marino valiente y diestro; del patriota que actúa siempre en función de los intereses superiores de su nación, y del filántropo que pone, en los momentos supremos, a los valores humanos por encima de cualquier otra preocupación.

1872 fue un año de muchas luchas contra los aborígenes en todo el territorio, desde La Pampa hacia el Sur. Sin embargo se profundizó en simultáneo, el interés nacional por descubrir las posibilidades que ofrecía el Sur argentino, en este sentido Mariano Bejarano siguió el curso del río Negro, cruzando a su encuentro el río Neuquén, y llegó a los toldos de Sayhueque, en Caleufú, quien era poseedor de miles de manzanares al sur de Neuquén; conoció a Nahueltripay, Nahuelpan, Huiliqueo, Reuquecurá y otros caciques. Tuvo claro y así lo manifestó, que para controlar los caminos de la región, se debía fortificar la confluencia de los ríos Limay y Neuquén.

Su viaje exploratorio coincidió con el de Martín Guerrico, quien por vía fluvial llegó por el río Limay a Choele Choel.

El río Limay

Alguien muy destacado en la historia fue el naturalista y explorador argentino Francisco Pascasio Moreno, apodado Perito Moreno por sus conocimientos, también llegó a Caleufú en 1875, y fue recibido hospitalariamente por Sayhueque. Moreno reconoció el lago Nahuel Huapi, luego más al sur exploró el río Santa Cruz llegando a los lagos Argentino, San Martín y Viedma. Se contactó en numerosas oportunidades con los indígenas logrando comprender sus costumbres e idiomas. Impulsó la posesión de las tierras sureñas pero no estuvo de acuerdo con los modos de las campañas. Sus buenas intenciones se vieron cristalizadas cuando dio asilo a los caciques Foyel e Inacayal en el Museo de La Plata y luego al donar tierras de su propiedad, para crear parques nacionales.

Otro reconocido explorador y marino inglés fue George Musters, que recorrió la Patagonia pero de Sur a Norte, desde Punta Arenas en el sur chileno hacia el río Limay, acompañado por los tehuelches y asimilando sus costumbres al punto que fue nombrado cacique. Mantuvo excelente relación con el poderoso Sayhueque, hecho que le permitió conocer muy bien a los indígenas y escribir el libro “Vida entre los Patagones”.

El lago Musters en Chubut

Luego hay otro hito vinculado con los estudios en estas tierras, que tiene que ver con las misiones de Giovanni Bosco (más conocido como Don Bosco), quien encaminó su importante obra en el sur argentino a través de la Congregación San Francisco de Sales (por eso se habla de la “obra salesiana”) originada en Turín, Italia, y bien recibida por varias tribus que comulgaron con la fe cristiana, siendo un cabal ejemplo Ceferino Namuncurá, hijo del cacique mapuche Namuncurá. En esa época se crearon misiones volantes y colegios en manos de los Salesianos y a instancias de las buenas intenciones de Don Bosco, en la Patagonia continental y en Tierra del Fuego.

La iglesia protestante también tomó parte de esta tarea educativa, contactándose con aborígenes al recorrer toda la región, pero para ese entonces los indígenas ya se estaban extinguiendo.

Voy a cerrar este recorrido citando nuevamente a Felipe Cárdenas (h), que escribió sabiamente a mi entender: “En la historia de la Patagonia cabe todo lo bueno y todo lo malo; lo aborrecible y lo sublime; lo más despreciable y lo más admirable”.

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