sábado 18 de noviembre del 2017

Columnistas

Por: Alejandro Maglione

@MaglioneSibaris

miércoles 25 octubre de 2017

Toda la verdad: vinos anticuados vs. vinos novedosos

¿Cuál es el mejor vino? ¿Existe? ¿Será el mismo para todos? El cuasi eterno debate entre vinos añejos o jóvenes parecía no tener fin. Hasta que llegó nuestro sibarita preferido a poner las cosas sobre el tapete con experiencia y el mejor bagaje de información. Pasen, prueben y vean.

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Lo novedoso. Por un momento, los jóvenes enólogos sub 40 y algunos periodistas que los apoyan a cada paso que dan, salieron a dar la vuelta al mundo del vino, pregonando que había que reescribir todo lo relacionado con la forma de hacer vinos. De pronto, insensiblemente, jóvenes enólogos, periodistas apoyadores, fueron corrigiendo lentamente el rumbo y ahora regresan a elogiar las virtudes de los vinos anticuados, o supuestamente anticuados.

La cosa. Los argentinos solemos preguntarnos “¿cómo viene la cosa?”. La cosa es que hace unos años apareció un señor Robert Parker y estableció un sistema de puntaje para evaluar los vinos que estableció que los vinos con más de 90 puntos están en el paraíso comercial y los que tuvieran de 89 para abajo iban descendiendo del purgatorio hacia el infierno.

Robert Parker

Los preciados puntos eran derramados sobre aquellos vinos que fueran del gusto del señor Parker. Eso generó una uniformidad de oferta en los vinos llamados del “Nuevo Mundo”, por oposición a los vinos europeos que en general se mantuvieron en su trece y siguieron haciendo sus vinos como siempre, sin menospreciar aquellas tecnologías que les permitían mejores técnicas de cultivo de la vid; mejores técnicas de filtrado: y todo aquello que mejorara sus caldos sin apartarlos en exceso de la tradición.

El amigo Parker quería vinos ultraconcentrados; casi negros en su color; sumamente ácidos; con mucha madera nueva, en algunos casos hasta la exageración. Y hacia allí corrieron muchos enólogos y bodegueros.

Los catadores. Don Parker tenía catadores por regiones, porque para él era físicamente imposible catar todos los vinos que le proponían desde distintas partes del mundo, así que le pedía prestado su paladar a catadores de su confianza. Tanto a España como a la Argentina les tocaba recibir anualmente la visita de un señor Jay Millar. Un hombre regordete, encantador, al que un día le pregunté si le parecía serio haber estado catando y puntuando 200 vinos en una mañana en Mendoza.

Había varios presentes cuando hice esa pregunta, que sufrieron una suerte de soponcio. Millar, entrecerró sus ojos al mirarme y dijo que “sí era serio”. Hice de Jaimito y agregué: “Raro, mundialmente se admite que solo se pueden catar 50 vinos en un día con probabilidades de hacerlo seriamente”. Un amable bodeguero me invitó a retirarme y luego no fui invitado nunca más mientras el querido Jay –Big Jay, como le decían por ahí sus íntimos- estuvo viniendo por estos pagos.

Pasó el tiempo y en la localidad española de Jumilla, los propios productores alzaron sus cejas cuando el Big Jay le puso 100 puntos a un vino producido por uno de ellos. Comenzaron a investigar y un garganta profunda sugirió mirar una serie de mails que andaban dando vuelta, donde el que organizaba las visitas de este hombre, el chileno Pancho Campos, explicaba el costo que tenían los distintos puntajes. Incluso se tarifaba por catar en la propia bodega. Parker lo echó en 24 horas.

El pobre Millar murió pocos años después olvidado por su viejo empleador y los beneficiarios de sus aquilatados puntajes.

Unos antiguos modernos. Entonces, ahora se da la paradoja que unos pocos bodegueros argentinos que hicieron como los franceses, quedarse haciendo lo que sabían hacer, resulta que están listos para ponerse de moda.

Por ejemplo, la familia López, descubre ahora que viene la onda de los vinos de corte –hechos con varias cepas- añejados en “maderas grandes”, esto es en cubas o foudres de gran capacidad que dejan atrás a las barricas de 225 litros; se pasa de las maderas nuevas a las de segundo, tercer o cuarto uso. Es decir, todo, todo lo que vienen haciendo los amigos de López desde hace decena de años, viniendo a resultar que vinos como el Monchenot se miran con respeto. Hay otros ejemplos de vinos salidos de manos “antiguas” como las de Carmelo Patti.

Conclusión. Esto no significa que vayan a desaparecer los vinos varietales –esos que se hacen a partir de una sola cepa-, que en muchos casos han logrado niveles de excelencia. Lo que en realidad significa es que hay que ser cuidadosos con tomar partido por tal o cual tipo de productos en una industria donde el innovar en contenidos y continentes puede desorientar a los consumidores. El consejo es viejo y sencillo: pruebe todo lo que le dé la gana, pero el vino que debe preferir es el que más le guste, no el que tenga más puntos o tenga determinado precio.

Le dejo una reflexión muy actual de Winston Churchill: “Se gana una elección con el 50% de los votos a favor. No se puede gobernar con 50% de los votos en contra”. ¡Salud!

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