sábado 18 de noviembre del 2017

Neuquén

miércoles 20 septiembre de 2017

Emprendedores

Un buen invento: vajilla para la comida patagónica

En 2010 Julieta Rolandelli se preguntó si existía relación entre la comida patagónica y los utensilios en los que se la sirve. De ahí surgió su tesis final de Diseño Industrial: “Vajilla Gastronómica para la Región Patagónica”. María Marta Martínez comparte esta historia con sello neuquino.

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Nació en Alicurá, cuando sus papás trabajaban en la represa de Hidronor. Pasó casi toda su infancia en Piedra del Águila, cuando construían la represa del lugar. La adolescencia la vivió en Plottier y la facultad la llevó hasta la ciudad de La Plata. Luego de recibirse, en 2015 ganó una beca de formación de emprendedores, para ir a trabajar en una empresa de cerámica muy reconocida en Portugal.

A su vuelta, hace muy poco, Julieta dejó la ciudad de La Plata para irse a vivir a Bariloche donde trabaja en un colegio rural de su pueblo natal (la escuela de Corralito ubicada a 15 kms de la represa hidroeléctrica de Alicurá). “Soy de muchos lugares pero en todo lo que hago la naturaleza está presente”, asegura entusiasmada mientras cuenta que está analizando cómo volverá a armar su taller convencida de que habitando estas tierras, su arte se enriquecerá.

Periodista: Te conocimos a través de un trabajo final que presentaste en 2010 para el Taller de tu carrera de Diseño Industrial, donde proponías la creación de una línea de vajilla inspirada en y pensada para la gastronomía patagónica, una vajilla resuelta en materiales también nobles y propios de la región, ¿Nos contas más sobre esa línea?

Julieta Rolandelli: Yo soy de Neuquén, y ese verano me vine y me hice todo un viaje por el Norte neuquino, investigando un poco sobre la gastronomía del lugar, sobre la identidad, a ver qué se me podía ocurrir porque quería vincular ese trabajo final con mi lugar, con la Patagonia. Lo encaré como una propuesta de cómo pensar una vajilla que pudiese acompañar el crecimiento gastronómico que venía teniendo, a nivel turismo, la Región. Cómo podía una vajilla darle valor agregado a los platos típicos de la Región. Y salió ese trabajo. Y me fue muy bien.

P: ¿Qué platos de la cocina patagónica marcaron la impronta de la línea?

J. R: Tenía que ser una vajilla que pudiera contemplar los diferentes platos que se necesitan tener en una carta de un restaurante, por eso es que tiene un plato de base, uno principal, un plato de entrada, una cazuela que es muy usada acá para las comidas invernales, y un salserito.

P: La línea de Vajilla Gastronómica se podía apilar y todos los utensilios juntos formaban una montaña. ¿Lo pensaste como una colección de objetos funcionales que juntos se volvían otra cosa o como algo más cercano al arte?

J.R: Cuando proyectamos en diseño siempre buscamos una idea inspiradora de algo que te lleve a la parte formal. Y en esa colección lo que iba sucediendo era eso: una pila de platos que generan una montaña y que sus capas son cada uno de los platos. Pero que aluden a lo que es la nieve, con sus capas, como un pico nevado y la base de madera viene a ser tierra. Así era la idea conceptual y fue la que llevó un poco la forma.

P: ¿Se llegó a realizar alguna vez esta la línea de vajilla?

J.R: No, no pude producirlo. Me fue muy bien con el trabajo. Pero yo no la tenía producida, nunca llegué a hacer un prototipo real y no se dio poder realizarla.

P: ¿Qué crees que le aportaría tu vajilla al acto de comer?

J.R: Creo que sería, más que nada, un valor agregado la calidez que le da la dualidad de la cerámica y la madera.

P: ¿Qué luciría mejor tu vajilla? ¿Los sabores? ¿Los olores? ¿Las historias? ¿El momento?

J.R: Creo que un poco todo. Hoy los platos entran por todos los sentidos. Creo que aportaría un poco a eso, a lo visual pero sobretodo. A la vez, algo que pensé mucho en el momento de realizar la vajilla, es que tampoco compita con lo que es la preparación.

P: ¿Qué hay de aquella tesis en las creaciones que haces hoy desde tu marca Casa Palta?

J.R: Creo que nada. Mi mano (risas). No tiene mucho que ver. Salvo que me gusta trabajar con las formas orgánicas, las cosas un poco más blandas.

P: En Casa Palta hacés una cerámica muy colorida, de líneas simples y alegre ¿qué nos cuentan de vos estos utensilios?

J.R: Cuando empecé a hacer las cosas que hacía, mis amigos me decían “esto es re Juli”. Yo soy muy colorida. Y sí, es muy yo (risas). Lo pienso como algo lúdico, como algo amistoso, como un juguete.

P: ¿Es fácil emprender una marca en la Patagonia? ¿Cómo lo hiciste?

J.R: En 2014, empiezo a pensar en la idea de seguir con la facultad pero a su vez tener un taller propio, tener mi espacio para experimentar. De a poquito me compré el horno y arranqué haciendo cosas para mí o para regalar a amigos y a la gente le empieza gustar… Y así fue, sin pensarlo tanto y haciendo lo que iba surgiendo en el momento. También tuvo mucho que ver mi entorno, que me alentaba diciendo “esto está bueno, andá por ahí”. Yo había empezado en La Plata y mi hermana que es diseñadora gráfica en Neuquén también me ayudó y me hacía un poco la pata de comercialización acá en el Sur.

P: ¿Cómo encontramos a la Patagonia en tus trabajos de hoy?

J.R: Hay algunas morfologías que nos representan un poco, alguna flor, la forma, los colores, los detalles, todas esas cosas para mí tienen un poco que ver inconscientemente con lo que es este lugar, con lo que es la vida sobre todo, porque yo lo pienso como algo con vida, alegre y a mí es lo que me produce este lugar.

Julieta es alegre, inquieta y creativa. Todas sus creaciones tienen una conexión con la tierra que habita y hace propia. Estaremos muy atentos para ver qué nuevas formas descubren sus manos ahora que la Patagonia es su nuevo destino.

Fuente: María Marta Martínez para Noche Polar

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