domingo 19 de noviembre del 2017

Patagonia

viernes 14 julio de 2017

Actualidad

¿Qué pasará con el iceberg gigante a la deriva?

A días del desprendimiento de 6000 km² de hielo de la Antártida, Elio Campitelli -de la UBA- habló con medios de comunicación respecto del posible impacto ambiental y sobre la navegación, cuando las corrientes lo desplacen.

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Para el científico “es poco probable” que llegue al continente o afecte significativamente el nivel del mar. Pero el calentamiento global que causó el quiebre en primer lugar es otra historia.

Hace pocos días, el mundo contempló asombrado cómo se desprendía de la Barrera Larsen –un verdadero “murallón” de miles de kilómetros de hielo pegado a la Antártida Argentina– un iceberg de nada menos que 5800 kilómetros cuadrados: un fragmento –que comenzó a separarse en el 2014- equivalente a dos veces Capital y Gran Buenos Aires juntas.

El gigantesco iceberg que se desprendió de la Antártida

Elio Campitelli, de la Licenciatura en Ciencias de la Atmósfera de la UBA, explicó algunos detalles sobre las causas, consecuencias y riesgos de este fenómeno.

“Lo que está pasando con el hielo antártico es muy complejo, a pesar de que el calentamiento global hace que suban mucho las temperaturas allí el hielo marítimo está aumentando ligeramente y las causas de esto se están debatiendo”, indicó.

“Una de las más sólidas es que tiene que ver con la variación de los vientos alrededor del continente, que han aumentado en su intensidad y esto hace que ‘exporten’ más hielo a latitudes más bajas, dejando espacio para que se forme más hielo”, apuntó el experto.

Otra hipótesis –con menos defensores- “tiene que ver un poco con la Capa de Ozono y sus variaciones, particularmente el Agujero del Ozono” que –recordemos- está situado justamente sobre la Antártida. El Ozono es un gas que colabora al efecto invernadero, por tanto al haber menos, disminuiría presuntamente la temperatura.

“En el centro del continente antártico, las tendencias son un poco a enfriamiento, aunque es difícil saber si en promedio están aumentando o disminuyendo las temperaturas promedio en toda la Antártida, porque según las indicaciones disponibles ésta aumenta -en la costa- y disminuye en el centro del continente. Hablamos de –aproximadamente- 0,05° centígrados por año en promedio de subida y descenso en cada caso, con una magnitud ligeramente menor de los descensos”.

Sin embargo, en algunas zonas –notoriamente en la zona de la placa Larsen- se registran variaciones mucho mayores, de hasta un décimo de grado por año de aumento y esto seguramente ha tenido que ver con el quiebre del gigantesco iceberg.

“Las temperaturas tienden a beneficiar el tema de quiebres y desprendimientos, pero hay muchos otros procesos dinámicos, como la geometría del glaciar, el suelo donde está asentado y las tensiones que sufre. Uno lo ve como un hielo enorme, pero hay un montón de flujos y ríos de hielo que provocan tensiones”, que pueden producir un quiebre, explicó el entrevistado.

De todas formas, Campitelli explicó que –en su opinión- el riesgo que va a presentar el desprendimiento del enorme iceberg será limitado: “Va a ser para la navegación de los barcos, ya el iceberg irá migrando hacia el norte, hasta que por las temperaturas más cálidas se vaya derritiendo”, explicó el investigador, que consideró “poco probable” que se generen problemas a la altura de Tierra del Fuego o en continente.

Alerta en la Antártida: ¿se viene la era de hielo?

La velocidad con que se mueva “dependerá de las corrientes que se encuentre: por su ubicación se va a encontrar con la Corriente Circumpolar Antártica –que lo alejaría hacia el Este, lejos de la Argentina- aunque también podría tocar el Giro Weddell, una interacción de corrientes que podría mantenerlo cerca del Polo Sur más tiempo, demorando su derretimiento”. El científico estimó que el iceberg puede llegar a durar “hasta un año”.

Por otra parte, negó que haya posibilidades de un aumento significativo del nivel del mar por el derretimiento de los recién desprendidos 1155 kilómetros cúbicos de hielo, suficientes para llenar 462 millones de piscinas olímpicas.

“Este iceberg es un hielo que ya estaba flotando sobre el mar, o sea que no hace diferencia si está flotando o derretido. Si a un vaso con agua le tiras agua, el nivel de la misma no cambia cuando se derrite”, explicó agregando que “puede aumentar el nivel del mar es en 0,01 mm, por ser hielo ‘dulce’, que al derretirse sobre agua salada produce un muy pequeño cambio de densidad y –por tanto- volumen, despreciable a niveles prácticos”.

Por ese motivo, en la Patagonia no deberemos temer –de momento- demasiadas consecuencias negativas por “el viaje” de Larsen C. Sin embargo, éstas podrían finalmente llegar, solo que en un plazo bastante más largo.

“Las barreras de hielo están conectadas al hielo continental, que sin ellas puede desplazarse hacia el mar. A medida que un glaciar se acelera –porque está sobre una pendiente- empuja las barreras al océano”.

Cuando ese hielo –que hoy está sobre tierra firme antártica- comience a derretirse, las consecuencias sí que se van a sentir y no solamente en nuestras costas.

El Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) estima que en un siglo, según las proyecciones de efecto invernadero y calentamiento global, la altura promedio de las aguas podría aumentar hasta más de dos metros. De más está decir que eso tendría consecuencias catastróficas a nivel mundial.

“Esto ya está pasando en los glaciares de la península antártica. Es evidente y a un nivel bastante acelerada la pérdida de masa”, reconoció Campitelli, aunque moderó este dato mencionando un cierto –aunque discutido- aumento registrado en el espesor del hielo en la zona central del continente Antártico, producto de los vientos.

Con mayor o menor éxito, la comunidad internacional ya está intentando disminuir el calentamiento y el Efecto Invernadero, a partir de iniciativas como el Protocolo de Kioto. Sin embargo, hasta ahora lo máximo que se ha logrado es que la cantidad de dióxido de carbono no aumente y no el que disminuya, para lograr esto hará falta el desarrollo de nuevas tecnologías, aun poco evolucionadas.

“Además éstos son procesos que tienen que ver con la inercia y aun cuando deje de aumentar la temperatura el proceso sigue andando: la escala de tiempo es de siglos o incluso milenios”, señaló el científico.

Fuente: Tiempo Sur

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