miércoles 23 de agosto del 2017

Patagonia

Lunes 31 Julio de 2017

Arqueología

Los tours de compras a través de la cordillera son milenarios

En antiguos refugios de montaña los expertos hallaron objetos provenientes del Pacífico o similares a los que hay en lo que hoy es Chile. Algunos restos encontrados revelan que los pobladores tenían inquietudes que iban más allá de la mera supervivencia: son adornos y símbolos.

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Desde los tiempos más antiguos la Cordillera no impidió el intercambio humano. Hoy el viaje de compras a Chile es un fenómeno social y comercial, pero los primeros indicios de relaciones de pobladores de esta zona patagónica con otros del Pacífico tienen más de 5.000 años.

El historiador Maximiliano Lezcano señala que según las investigaciones hechas en la zona de El Trébol, cerca de Bariloche, y otros yacimientos “hay evidencias de que entre 5.600 y 5.800 años atrás la gente que ocupa espacios fluviales y las orillas de los lagos estaba usando objetos provenientes del mar, en algunos casos claramente del Pacífico.

Son moluscos de valvas mucho más resistentes y coloridas que los similares locales y fueron conocidos por varias culturas. Entre ellos hay unos caracoles pequeños, rojizos, que se usaron como adornos colgantes, entre los 5.600 y los 1.000 años antes del presente. Estos objetos llegaron o por intercambio de mano en mano, o por gente que viajó directamente hacia o desde esas costas. La cordillera era un accidente importante, pero al mismo tiempo fue una zona boscosa donde la gente se desplazaba”, señala.

Estos “tours de compras” primitivos ocurrieron en ambos sentidos. También en yacimientos muy antiguos de Chile como Monteverde, se han encontrados restos de herramientas de piedras y vegetales del territorio occidental de la cordillera. “Los yacimientos líticos no eran tan abundantes del otro lado, en Chile había bosques más cerrados y menos variedad de piedras para fabricar instrumentos”, explica Lezcano.

También en el norte neuquino hay evidencias de intercambio transcordillerano, aunque más recientes. El antropólogo especializado en arqueología Ramiro Barberena señala que “en un bloque temporal de unos 2.500 a 3.000 años atrás, en Cueva Huenul encontramos varios elementos similares a otros hallados en la cordillera del Maule, en Chile. Hay similitudes de herramientas y artefactos, que indican intensos contactos o que se trataba de la misma gente, que pasaba cuando el clima lo permitía, en verano”.

En Cueva Huenul se encontraron también los caracoles marinos del Pacífico, rojizos, enhebrados en una cuerda, para ser usados como adorno. Y calabazas decoradas con fuego y cerámicas de motivos coincidentes con otros hallados en Chile. Incluso pinturas rupestres similares.

Para Barberena, además de la evidencia de intercambio estos hallazgos revelan inquietudes de los ocupantes de la cueva que van más allá de la mera supervivencia. “Claramente hay un intento de personalizar ambientes, trasmitir conocimiento, quizás usadas como parte de ceremonias religiosas, no lo sabemos con certeza. Pero son conductas humanas modernas”, explica.

Los intercambios habrían llegado más lejos. El arqueólogo Luciano Prates, que ha investigado yacimientos en el Río Negro y la Meseta de Somuncura, explica que se han encontrado “artefactos de piedra de la meseta que aparecen a 300 kilómetros de distancia en la cordillera, o cañas colihues propias de la cordillera en Sierra Pailemán”, por ejemplo. Evidencia de una “fluidez de contactos entre estos grupos” agrega.

Llegada a la Norpatagonia

Hace más o menos 11.000 años, grupitos de cazadores y recolectores, familias ampliadas de no más de 15 o 20 personas, decidieron cruzar los ríos Colorado y Negro. Encontraron refugios, alimento y siguieron paulatinamente al sur, por rutas diversas. No lo sabían, pero entraban a la Patagonia, la estación de llegada de una larga travesía que había iniciado decenas de miles años antes el inquieto Homo sapiens, cuando salió de su cuna africana.

El espacio que ocupan hoy Río Negro y Neuquén atrajo a poblaciones nómades que aprovecharon su ubicación estratégica y la variedad de recursos que ofrecía. Y en los numerosos refugios rocosos disponibles para protegerse de las inclemencias del tiempo dejaron huellas de sus actividades, tecnología y creencias.

En esas cuevas, equipos de arqueólogos y otros expertos de ambas provincias hurgan como detectives del pasado para hallar pistas que permitan echar luz sobre cómo era la dura vida de esos primeros patagónicos, que lograron adaptarse hábilmente a un medio ambiente cambiante.

Fuente: Diario Río Negro

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