domingo 24 de marzo del 2019

Por: Alejandro Maglione

@MaglioneSibaris

miércoles 18 octubre de 2017

“Bariloche a la Carta”: una fiesta para todos los sentidos

Pasó una nueva edición del ya clásico "Bariloche a la Carta" y la ciudad estrella cordillerana de Río Negro de vistió de fiesta. Sabores, saberes y muchas oportunidades para encontrarse con las propuestas gastronómicas de la región toda. Cada detalle se luce en esta nota de nuestro sibarita favorito.

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Otro año más. Bariloche armó su festival con la misma generosidad y dedicación de la Asociación de Hoteles y Restaurantes, que año a año, esta fue la 4ª edición, convoca a todo el quehacer gastronómico barilochense a aportar su grano de arena para que siga creciendo y mejorando sin solución de continuidad.

De allí que no sería correcto hablar de otro año más. Fue el mejor de todos y es de presumir que el del año que viene será mejor aún. Esa es la vocación de la Asociación, que perfectamente interpreta y ejecuta Lucio Bellora con un equipo profesional eficiente y dedicado como pocos.

Un festival gastronómico a orillas del lago

La diferencia. La Patagonia parecería tener un patrón para sus ferias gastronómicas que Bariloche a la Carta daría la sensación de seguir casi rigurosamente. Algún que otro chef mediático dando “clases magistrales”. Varios, muchos restaurantes que hacen un menú especial para la semana, con precios más al alcance de las faltriqueras locales. Infaltable el cordero solidario del último día, en el que figuras locales ofrecen platos de cordero a total beneficio de una causa noble.

¿Dónde está la diferencia? Que los restaurantes que adhieren son muchos. Que los periodistas que invitan visitan varios restaurantes como para llevarse un panorama más completo del quehacer gastronómico local. En este caso, la diferencia se amplía por la variedad de los menús entre sí.

Es difícil competir contra una cena servida en el monumental Llao-Llao, donde reina en su cocina Federico Domínguez Fontán, con una brigada en la que todos son cocineros hechos y derechos. Federico además es un pilar que corre de un lado a otro apoyando toda presentación gastronómica que se haga durante la semana. Como corre de un lado a otro para participar de la mayor cantidad de fiestas de gastronómicas, incluso en el exterior ya que este año integró el grupo de cocineros patagónicos que fue a Madrid a mostrar sus dotes culinarias.

Igualmente grato fue una suerte de cocktail que ofreció el hotel El Casco, donde su cocinera Ana Arias con su brigada con integrantes venidos de distintos lugares del país –desde Venado Tuerto a Puerto Madryn- ofreció un show de tapas fabuloso. Otro punto fue el haber llegado a la hora del atardecer y poder disfrutar de las vistas que deslumbran en la Bahía Moreno. El lugar siendo la galería de arte que soñó su dueño, Ignacio Gutiérrez Saldívar.

La participación activa de profesionales de la cocina local como es el caso de la China Müller, que alegra en todas sus apariciones con esa sonrisa franca de bienvenida sincera. Además, la China mostró su nuevo restaurante, cuya cocina envidiaría hasta el profesional más exigente, con un diseño que prácticamente se mete dentro del bosque circundante. Allí mismo convocó a cocineros como Pablo Buzzo, Ezequiel González y el omnipresente Mauricio Couly y su siempre impresionante show de quesos artesanales.

Una emocionante presentación de una familia de cocineras mapuche que tiene un lugar donde reciben visitantes a comer todo lo que se puede elaborar a partir de la huerta propia que ellas mismas cultivan. Con espontaneidad y frescura dejaron saber que les hacía falta una vaca, por si alguien de la audiencia se tentaba y les decía: “yo tengo una para darles…”. De producirse el milagro, ya tienen planeado el dulce de leche casero.

Varias actividades gastronómicas al aire libre en lugares increíbles, como un asado en el Valle Encantado o una cena en el refugio Bergoff, ese que queda a unos metros de la que fuera la cabaña del pionero del ski nacional, Otto Meiling, todo ubicado en el cerro Otto. Un picnic a orillas del brazo que vincula al lago Nahuel Huapi con el lago Moreno, con un día soleado que dejaba ver en sus aguas clarísimas a las truchas mosqueando a metros de nuestras manos, fue la despedida.

La Feria. En el marco imponente del Centro Cívico se volvió a montar una feria que contaba con numerosos puestos vendiendo productos locales y comidas de todo tipo. Pude apreciar la presencia hasta de un local que se llama La Quesería, donde la mayor parte de la propuesta eran excelentes quesos traídos desde Tandil, provincia de Buenos Aires.

La forma era una enorme T que se apoyaba sobre el municipio y luego subía por la calle lateral. Si hubo un problema fue que, a pesar de lo espacioso del lugar, hubo tanta gente que por momentos se volvía difícil caminar.

¿Estuvo todo bien? Por suerte no, porque de esta forma quedan abiertas las expectativas de lo que vendrá el año próximo. Aclaremos, que lo que no estuvo bien corre por mi cuenta, obviamente. Veamos:

Me hubiera gustado ver más productores artesanales de productos alimenticios en la feria. Había una abigarrada representación de locales de comida, que tenían propuestas excelentes. Estaban los tradicionales productores de chocolate. Pero faltaron los productos de granja locales, que sabemos que los hay, por dar un ejemplo.

Quizás el año que viene se le dé un lugar destacado al chocolate. Bariloche vende mundialmente sus paisajes, su nieve y su chocolate. Bienvenida la omnipresencia de la trucha y el cordero, pero un capítulo chocolatero hubiera sido el broche de oro.

Faltaron muchas bodegas patagónicas. ¿Qué mejor vidriera para sus vinos que esta movida espectacular? Río Negro tiene una de las bodegas familiares más antigua del país, sino la más antigua: Humberto Canale con 112 años sí estuvo presente, pero hay demasiado más para mostrar. Esta es una ausencia repetida, que no se justifica teniendo en cuenta que hoy existe una asociación que las nuclea como para ir en bloque de forma organizada.

Me hubiera gustado ver una promoción de las otras fiestas que se realizan en la Patagonia, como Madryn al Plato o la Cocina de los Lagos, convocando a conocerlas atendiendo a que se desarrollan en otros momentos.

Conclusión. Creo que Bariloche es un espejo donde mirarse para el resto de las fiestas gastronómicas que se desarrollan. La presencia del alcalde de la ciudad chilena de Valdivia representó el deseo del lado chileno por llegar a una propuesta turística patagónica única: desde el Atlántico hasta el Pacífico. ¿Recogerá alguien el guante?. Me gustó que en este caso, como en ediciones anteriores, el foco estuviera siempre puesto en la gente, la del lugar y los turistas. Me gustó escuchar en los hoteles muchos idiomas diferentes, Bariloche volvió a poblarse de turismo venido de muchas partes. Sin duda fue una fiesta en todo el sentido de la palabra. Gracias Lucio Bellora, Anita y Luis, que fueron nuestros anfitriones.

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