miércoles 26 de junio del 2019

jueves 26 octubre de 2017

Las bondades de la sanación que surge del centro de la Tierra

Las bondades de las aguas termales son valoradas en el mundo entero. También son cuestionadas por los escépticos de siempre. La Patagonia tiene centros termales de excelencia que combinan principios medicinales con relax y descanso. Los detalles de las características de las termas en otra entrega de nuestra divulgadora científica.

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He escrito varios artículos vinculados al mar del Sur, sin embargo nuestra bella Patagonia también tiene montañas. La cordillera de Los Andes, imponente formación geológica que atraviesa nuestro país desde el Norte y llega al Sur, ofrece un paisaje sin igual. Es un sistema montañoso que encierra historias, culturas, enigmas que los científicos se desvelan por resolver, empezando por su nombre que pareciera que hace referencia en quechua a la “cresta elevada”.

En su integración aparece un conjunto de montañas con actividad sísmica y volcánica, impresionantes, especiales, temidas por sus efectos de inestabilidad, zonas en las que los terremotos y las erupciones volcánicas no son extrañas, no obstante no retraen a las comunidades que se han adaptado a esas condiciones y pueblan sus laderas.

Turismo termal en Caviahue – Copahue

En estas regiones, el agua de lluvia se filtra en el terreno, alcanza rocas porosas más profundas – más de 100 m- que están a mayores temperaturas que las más superficiales, el agua hierve entonces se generan fuentes termales, que son como manantiales de aguas calientes que contienen sales minerales en cantidades variables, las cuales van incorporando en su camino.

Las aguas termales pueden encontrarse en un rango de temperaturas entre 24 y 200°C o más, y surgen a la superficie naturalmente, con mayor facilidad en las montañas en donde hay fracturas y fallas, impulsada por el agua más fría que va cayendo y rellenando los poros de las rocas.

Se conoce como “hidrotermalismo” al proceso geológico asociado a la actividad volcánica y a los fenómenos que implican aguas más calientes que el entorno, o sea a las aguas termales que para considerarse tal, específicamente deben tener 5°C o más por encima de la del suelo en que discurre.

Por lo tanto también pueden existir aguas termales frías a menos de 20°C cuando discurren en zonas frías.

La composición química de las aguas termales es variable y depende del origen, lo cual está relacionado con el tipo de rocas que atraviesan. Hay aguas termales dulces y otras son saladas que contienen hierro, cloro, azufre combinado con sodio, calcio y magnesio, por lo que las sales que se registran son sulfuros, sulfatos, carbonatos y bicarbonatos.

La sanación viene del centro de la tierra

Hay una gran corriente de defensores de las aguas termales en cuanto a que se les atribuyen propiedades benéficas en tratamientos de múltiples procesos patológicos y para prevenir distintas afecciones, ya que revitalizan células y tejidos, resultan buenas contra diferentes dolores articulares, reactivan el metabolismo, descontracturan, depuran la piel, mejoran la circulación sanguínea, etc.

Sin embargo también hay opiniones no tan benévolas, diría más bien que son indifirentes hacia las aguas termales, ya que en ciertos sectores sostienen que tan “mágicas” no son, porque si lo fueran, los antiguos romanos que eran muy afectos a los baños termales, hubieran gozado de vidas más largas y la historia y la ciencia no lo han comprobado.

En la Argentina hay 400 fuentes termales distribuidas en 21 provincias. De ellas, sólo 200 están explotadas, pero sólo en 55 hay infraestructura para recibir turismo. Puedo destacar en la Patagonia los centros termales de Copahue Neuquén y Guatrache en La Pampa; y otros centros termales importantes del país son los de Río Hondo en Santiago del Estero; los de Colón, Concordia, Federación, Gualeguaychú y La Paz en Entre Ríos; los de Cacheuta y Los Molles en Mendoza; el de Pismanta en San Juan; los de Villa Cura Brochero y Capilla del Monte en Córdoba.

Para el poeta, crítico literario y periodista japonés Shiki Masaoka, las aguas termales son “la Vía láctea en los cuerpos desnudos”

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