martes 22 de enero del 2019

Por: Enrique Gil Ibarra
viernes 7 octubre de 2016

Energía Eólica: ¿Nos dejarán solamente el viento?

La preocupación del mundo por desarrollar fuentes de energía limpia y renovable ha crecido sustancialmente en las dos últimas décadas. Es afortunado que hayan llegado por fin a la Argentina estas brisas de cambio que, apoyándonos en condiciones geoclimáticas inmejorables para aprovechar esta tendencia, podrían generar -si sabemos hacerlas fructificar- una nueva matriz de desarrollo.

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Hace pocos días, se conoció que -aunque por un breve lapso- Dinamarca consiguió satisfacer el 100% de su demanda eléctrica solo con energía eólica, en un día inusualmente ventoso. Sólo por el producido de sus molinos de viento, el país cubrió el 116% de lo que requirió su población y el sobrante se repartió entre Noruega y Alemania, países que pueden almacenar la energía para uso futuro.

Pero, como reza la frase que se ha puesto de moda en los últimos meses, “no fue magia”. Dinamarca viene realizando previsoras e importantes inversiones en energía eólica y, posiblemente, antes del 2020 los daneses alcanzarán su objetivo de producir el 50% de la energía por medio de fuentes renovables. Pero claro, ellos impulsan eficazmente las energías renovables como una política de Estado desde hace muchos años.

El uso de energías renovables en la Patagonia

El uso de energías renovables en la Patagonia

Y no son los únicos. Durante la próxima década asistiremos a la expansión de la energía eólica en varios países europeos. De los 140 gigavatios de nueva potencia que la consultora especializada Make espera que se pongan en marcha en Europa, más de una cuarta parte se instalará en Alemania.

Pero, nuevamente, “no es magia”. Ya en el 2015 Alemania superó sus propios récords de potencia instalada, como resultado de una previsión estatal que viene desde principios de siglo.

Según las estimaciones de la consultora Make, “el Norte de Europa concentrará un 60% de la nueva capacidad instalada en los próximos 10 años. En Reino Unido, donde se han abierto periodos de gracia para acogerse al régimen fiscal hasta ahora vigente para la eólica, la nueva potencia sumará 15,7 gigavatios, lo que la sitúa en segunda posición del ranking continental, solo por detrás de Alemania y por delante de Turquía”.

eolicaLas previsiones internacionales no son tan optimistas en lo que se refiere a nuestro desarrollo energético. Se estima que entre todos los países del Sur sólo produciremos un 28% de la nueva capacidad que se instalará en la próxima década.

¿Por qué nuevamente nuestros países quedan rezagados en esta carrera por la energía? Sin caer en teorías conspirativas, podríamos afirmar que la falta de visión de nuestra dirigencia es la principal responsable del retraso. Hace ya veinte años, aquí en la Patagonia, se alzaron voces que predicaron -en el desierto, fuerza es reconocerlo- sobre la conveniencia de convertir el desarrollo eólico en una política de Estado.

Voces chubutenses que pronosticaron que, con inteligencia, previsión y decisión política, la Argentina podía ser “la Kuwait del siglo XXI”.

Que exhibieron estudios respaldados por agencias internacionales que destacaban que los vientos en la Patagonia eran ideales para el aprovechamiento energético, y que esa “energía del futuro” podía representar no sólo fuentes de trabajo, sino ingentes recursos económicos para el país, en un mundo que no podría durante mucho tiempo más seguir dependiendo de los combustibles fósiles.petróleo

Pero una vez más, se demostró la veracidad del proverbio: “Nadie es profeta en su tierra”, y desde los centros del poder porteño surgió la burla demoledora: “en la Patagonia quieren vender el viento”. Veinte años después, como en una novela de Alejandro Dumas, agotados ya los viejos protagonistas de esa utopía, precursores desilusionados por la inopia intelectual de una dirigencia ciega, surgen, esta vez sí, desde donde se afirma que Dios tiene sus oficinas, los “descubridores del agua tibia”, que se desayunan con que el viento vale, y mucho, y que las principales potencias del mundo seleccionan codiciosamente los territorios donde instalarán sus empresas multinacionales para aprovechar un negocio con una rentabilidad inmensa.

¿Habremos aprendido? ¿Haremos valer en esta oportunidad la propiedad innegable de este “recurso viento” que, como el agua potable, se ha revelado como una fuente de riqueza y prosperidad en otras regiones? ¿O nos “comprarán” el uso del viento a cambio de algunos pocos puestos de trabajo, temporales y no especializados, como en años anteriores hemos subastado a precio vil nuestros minerales? ¿Heredaremos los patagónicos solamente vientos mientras otros cobran en dólares -pero con valores de producción subsidiados- la energía que nuestro viento producirá?

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