sábado 21 de abril del 2018

Columnistas

Por: Alejandro Maglione

@MaglioneSibaris

miércoles 20 diciembre de 2017

De Navidad a Janucá en un sólo brindis ¡Chin chin!

Las similitudes entre la Navidad y la fiesta de Las Luminarias son más que las diferencias. Fechas, costumbres, tradición y la gastronomía que define a estos festejos. Un recorrido para brindar por el saber y la precisión de nuestro sibarita preferido. ¡Salud!

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Las fiestas. El tema de cuándo y por qué se fijó la fecha de la Navidad sigue derramando ríos de tinta. Lo que no hay dudas es que tiene una extraordinaria proximidad con la fiesta judía de Las Luminarias o Janucá, coincidiendo frecuentemente con la Navidad cristiana.

La Navidad no necesita demasiadas presentaciones por estos pagos, pero sí es bueno saber por qué no pocos relacionan la fecha con el momento en que los judíos celebran sus Luminarias.

En realidad, cuando uno revuelve en baúl de tradiciones religiosas es habitual que se vaya descubriendo que la religión cristiana picoteó por muchos lados. Lógicamente en el judaísmo que es su base fundamental, pero también hay fiestas romanas que aparecen en el calendario litúrgico católico expresadas de diversas formas.

Hasta se ha llegado a fantasear que durante el período desconocido de la vida de Jesús, que va de sus 12 años a los 30 en que comienza su vida pública, es probable que haya estado viajando por la India milenaria, atento a que los Vedas suelen describir prodigios que realiza el dios Krishna como caminar sobre el agua, resucitar muertos y varios otros que han inducido a pensar que inspiraron a Jesús. Al Jesús humano, porque luce herético pensar que pudo ser influenciada la persona divina en quien creen los cristianos.

Janucá. Analicemos pues, esta fiesta judía de curioso parecido con algunos rituales navideños. Su origen de discutido porque están los que más parecen coincidir en que esto del encendido de las 8 velas durante ocho días, más una vela mayor o testigo, recuerda a cuando los judíos, unos 160 años a.C. desplazaron a los griegos y retomaron Jerusalén, debiendo desagraviar al templo que había sido dañado por los ocupantes. Entonces, prendieron una lámpara de aceite que debía arder una noche, pero terminó ardiendo inexplicablemente durante 8 días.

Otros dicen que coincide con la finalización de la cosecha del olivo, cuyo aceite lampante se utilizaba en las lámparas. Es decir, el aceite nuevo reemplaza al viejo, al que la oxidación termina por afectar su grado de acidez y la consecuencia es una menor digestibilidad; de donde el origen del lampante es el aceite que ya no es comestible y se llama lampante, como dije.

Por fin, otra interpretación dice que en realidad se celebra en el momento en que los días comienzan a alargarse y de allí esta fiesta que de alguna forma honra a la luz. Creo que la verdadera historia dependerá de lo que cada uno prefiera como buena.

La gastronomía judía. Los judíos, habitualmente complicados en el tema de las comidas, tienen por hábito para esta celebración preparar platos especiales. Comienzan por platos donde mayormente se hacen presente frituras, de donde algunos concluyen que es por esto que asocian las fiestas al aceite de oliva.

Los latkes son como unas tortillitas o panqueques de papas fritos. Comerlos es encontrarles un parecido extraordinario con las papas rosti. Suelen acompañar carnes.

Los sufganiot hay quienes dicen que tienen gran parecido con nuestras “bolas de fraile”, las que suelen rellenar con dulces o miel.

Los rugelach es otro plato muy tradicional y que podríamos compararlo a las medias lunas o enrolladas es fácil confundirlas con las donuts americanas.

Y así la propuesta es infinita. Sobrevolando todo esto se agrega un alto consumo de lácteos, que recuerdan a una heroína judía, que alimentó a un general griego con abundantes quesos muy salados. Al general se le despertó la sed y la sació con abundante vino. Al quedarse dormido, la heroína lo mató tranquilamente. Así que también los quesos tienen su papel religioso y memorable.

Las comidas navideñas. En el hemisferio sur, como se ha observado tantas veces, tendemos a poner en nuestra mesa productos tremendamente calóricos como si estuviéramos en la fría Europa o los Estados Unidos.

Si de platos fríos se trata, siempre hay una tía que trae el vitel toné; o aquella que se luce con los huevos rellenos; el pionono de jamón y palmitos no se le niega nadie. Los menos sucumben a las delicias de un buen melón con jamón, la pavita cortada es para pocos, acompañada de los mágicos cabellos de ángel. También es para pocos el surtido de frutas secas: las garrapiñadas, almendras o avellanas, suelen hacerse notar por su ausencia.

En realidad los enunciados se podría decir que son complementos al plato infaltable en la Patagonia: el omnipresente cordero.

Conclusión. Celebre Navidad o Janucá, pero coma y beba con moderación. El día siguiente de las fiestas, que son feriados, las mesas se suelen rodear de gente con el blister de Bagóhepat en la mano, y no es de lo más edificante. Como sea: ¡Feliz Nochebuena y Navidad! ¡Feliz Janucá!

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