viernes 22 de noviembre del 2019

lunes 17 junio de 2019

Noruega desinvierte en petróleo y gas

El 28 de julio de 2002 bajo el título «Exportar Viento», el diario La Nación identificaba a los vientos de la Patagonia como los más constantes y poderosos en el mundo, y una fuente inagotable de energía renovable que, transformada en hidrógeno, no sólo se podía almacenar, sino también exportar.

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En esa nota de hace 17 años, el Ingeniero Erico Spinadel, presidente (hasta hoy) de la Asociación Argentina y vice de la Asociación Mundial de Energía Eólica (WWEA), sostenía que el hidrógeno era rentable a partir de u$s 40/barril y agregaba que en 1.000 kilómetros cuadrados (20 por 50 kilómetros), en la provincia de Santa Cruz y con energía eólica, se podría generar por día la energía necesaria para producir en hidrógeno el equivalente a 48.000 barriles diarios de petróleo.

Para tener una idea de la magnitud de esta producción, hoy a u$s 40 el barril representarían 1.920.000 dólares diarios.

En la Feria Internacional sobre energías alternativas el Ingeniero Spinadel sostuvo que, exportando viento en forma de hidrógeno líquido, Argentina se convertiría en el Kuwait del siglo XXI.

Presente que hace futuro

Noruega basa su economía en la producción y exportación de petróleo y gas. Los beneficios de los ingresos obtenidos por el Estado noruego por la explotación del petróleo y el gas, ingresan en el Fondo de Pensiones de Noruega (Fondo Global), creado en el año 1990 para apuntalar una reserva de dinero que garantice las jubilaciones y el estado de bienestar del país, cuando los combustibles fósiles se agoten y dejen de nutrir las arcas estatales.

Hoy ese fondo tiene activos por más de 1.032.000 millones de dólares y es considerado el Fondo Soberano más grande del mundo, superando incluso a los fondos árabes.

Entre otras inversiones cuenta con 35.840 millones de dólares en grupos petroleros como Shell; British Petroleum; Total; Exxon; Repsol.

Es en este contexto que, la semana pasada, el día 12 de junio el Parlamento noruego aprobó que el Fondo de Pensiones de Noruega desinvierta 12.000 millones de dólares que posee en empresas de combustibles fósiles. En contrapartida el Fondo fue autorizado a invertir hasta 19.000 millones de dólares en proyectos eólicos y solares.

La decisión noruega es la mayor desinversión en combustibles fósiles y la mayor inversión en energías renovables que se ha registrado en el mundo hasta la fecha.

Esta determinación se fundamentó en la necesidad de «reducir la vulnerabilidad de la riqueza y diversificar», ante el descenso permanente de los precios del petróleo, la principal fuente de ingresos del país nórdico.

 

El compromiso del Fondo Global de desinvertir en compañías de combustibles fósiles se ha calificado como histórico.

Noruega entiende que el creciente riesgo climático obliga a desprenderse de esas inversiones y, más allá de lo ambiental, deja en evidencia que a futuro, el dinero inteligente estará en las energías renovables, principalmente en energía solar y eólica.

Japón y el hidrógeno patagónico

En noviembre de 2016, el primer ministro japonés, Shinzo Abe, visitó al presidente Mauricio Macri y suscribieron una Declaración Conjunta con el objetivo de generar mayores sinergias entre ambos estados, teniendo en cuenta el interés de Japón en invertir en plantas eólicas y solares argentinas para luego importar parte de la energía generada en forma de hidrógeno.

En esa oportunidad Carlos Bolcich, presidente de la Asociación Argentina del Hidrógeno declaro que, dado que Japón ya contaba con tecnología adecuada para el manejo y transporte del hidrógeno, la idea era comenzar a producir hidrógeno en la Patagonia para su exportación a Japón.

Chubut y estas realidades

El Estado Provincial tiene uno de sus principales ingresos en regalías por la explotación del petróleo y gas.

En materia de energías, estamos ya en una nueva era en la que la generación de energías renovables, por diversas razones, están en alza y las basadas en recursos fósiles, están cuestionadas y con bajas en sus precios.

El avance de las energías renovables (eólicas) y sus derivados (hidrógeno) irán desplazando el consumo de las energías basadas en el petróleo y gas. Ello provocará en Chubut una paulatina merma en sus regalías petroleras.

Argentina -y puntualmente Chubut-, registra hoy una muy importante inversión en energías eólicas, siendo su principal destino -salvo en el caso Aluar-, el consumo extra provincial y extra patagónico.

Chubut carece de tarifa o condición diferencial alguna para el consumo de esas energías producidas dentro de su territorio. Perdemos de esa manera una justa y razonable ventaja competitiva, que se podría disponer para incentivar el desarrollo de la producción y el trabajo local.

Paralelamente, y marcando tendencias, países modelo en el manejo de sus energías petroleras, como lo es Noruega, deciden la desinversión petrolera más grande de la historia y apuestan a las eólicas.

A partir de la energía eólica y el agua, la producción de hidrógeno se presenta hoy como la gran herramienta para hacer frente al cambio climático y sus consecuencias.

 

Japón, a partir de la energía eólica patagónica, ya ha planteado inversiones para la generación de hidrógeno, clave para el recambio de su matriz energética.

En la Patagonia y en Chubut, la producción de energías renovables y puntualmente la de hidrógeno, no ha sido motivo de ningún análisis serio y responsable que, apoyando el desarrollo de esos sectores, imponga un reconocimiento a los derechos constitucionales que la provincia, las provincias, tienen sobre la explotación de sus recursos naturales.

Es de esperar que reaccionemos y que nuestra dirigencia se aboque a un maduro análisis que, con visión de futuro, le asegure a Chubut un rol y un protagonismo en la explotación de nuestros recursos naturales que permita, con producción y trabajo, lograr desarrollo y una mejor calidad de vida a sus habitantes.

Bajo el título «Exportar Viento», el diario La Nación identificaba a los vientos de la Patagonia como los más constantes y poderosos en el mundo, y una fuente inagotable de energía renovable que, transformada en hidrógeno, no sólo se podía almacenar, sino también exportar.

 

 

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