miércoles 23 de enero del 2019

martes 19 junio de 2018

Los pingüinos no juegan al golf

El Pingüino de Magallanes es uno de los atractivos turísticos de fauna más reconocidos de Chubut. Miles de visitantes llegan cada año a la provincia para encontrarse de cerca con estos simpáticos animales. Tanta curiosidad despiertan que son muy codiciados del otro lado del mundo.

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La Patagonia asombra por donde se la mire. La distribución de flora y fauna exclusiva a lo largo de toda su extensión atrae millones de turistas y científicos en distintas temporadas, no es la primera vez que lo digo ni soy la única que lo hace.

Es que quiero introducirme en un aspecto sobre uno de los numerosos animales atractivos que viven en la región o que la visitan por elección. Hay un ave muy particular que todos los años viaja a las costas del Atlántico Sur estableciendo colonias de hasta 500.000 individuos. Me refiero al pingüino de Magallanes.

Los pingüinos de Punta Tombo

A 130 km de Trelew, Chubut, está la reserva más grande del mundo, Punta Tombo, que recibe anualmente a miles de visitantes nacionales y extranjeros, subyugados por estos animales tan especiales, con la intención de mirarlos de cerca, fotografiarlos, observar sus movimientos, y a veces por otros motivos impensados

También en Chubut se los encuentra en Península Valdés, y en Santa Cruz llegan a Cabo Vírgenes, Cabo Guardián, Parque Nacional Monte León y Punta Quilla; se acercan a las costas patagónicas entre octubre y noviembre, para reproducirse y cambiar su plumaje.

Este pingüino luce un cuerpo vertical y robusto y se diferencia de otras aves porque sus alas evolucionaron en forma de aletas rígidas, aptas para nadar, por lo tanto no son capaces de volar. Poseen plumaje impermeable, que recubre una capa gruesa de grasa, densa, resistente al aire y al agua fría, que los aísla y los protege, así retienen el calor de su propio cuerpo, porque son animales de sangre caliente

Después de dejar uno o dos huevos en el nido que comparten macho y hembra, emigran y retornan al año siguiente a encontrarse con sus crías y continuar su ciclo.

La atracción sobre los pingüinos tiene historia, y como dije llaman la atención por diversas causas. Para Japón, Punta Tombo es irresistible, su Cancillería se interesó en mostrar a este animal diferente en aquel país. Fue en ocasión de conmemorarse 100 años de relaciones diplomáticas entre ambos países. Para sorpresa de muchos solicitó el envío de 100 ejemplares para una exposición, por suerte los funcionarios respetaron consignas de la sociedad y del estado de Chubut y los pingüinos no viajaron.

Con anterioridad la opinión pública también logró salvarlos de otro destino más atroz que una pacífica exposición, fue cuando los pingüinos sortearon su conversión a guantes de golf.

Guanacos y pingüinos

Es que resulta un gran negocio obtener su piel para fabricar estos accesorios deportivos. Porque al decir de especialistas, el guante debe sentirse como una segunda piel, debe ser suave, permitir el ingreso de aire para que la mano no transpire y que ésto no sea un obstáculo para el jugador.

Con estos antecedentes, deberíamos cuanto menos permitirnos el beneficio de la duda, ante un nuevo intento de avanzada sobre este recurso patagónico intangible. Hace pocos meses, los gobernantes chubutenses firmaron un convenio con autoridades de una ciudad japonesa, en la que pronto se inaugurará un acuario que -según pretenden en esa ciudad- será un espejo de Punta Tombo. En principio, el acuerdo tiene como propósito la cooperación mutua y el intercambio de conocimientos y tecnología.

Sin embargo, y sin alguna prueba actual que haga pensar que podría repetirse la historia, habría que poner mucha atención para acompañar esta iniciativa, que al menos es llamativa, resulta reiterativa y suspicaz, y deja más interrogantes que respuestas.

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