domingo 24 de marzo del 2019

martes 3 abril de 2018

¿Qué tan importantes son las vitaminas en la alimentación?

Desentrañar la importancia de los componentes de los alimentos, tiene su ciencia. Las propiedades que la Naturaleza le da a las frutas y verduras que consumimos son muchas y muy buenas. Una columna con "C" de cítricos.

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En una interesante columna de este portal han señalado que el otoño trae aroma y sabor a mandarinas, la fruta cítrica tal vez más dulce en su justo punto de madurez.

Y yo me voy a sumar en las consideraciones acerca de ésta y otras frutas que comparten un mismo componente, famoso, importante, muy mencionado por gastrónomos, médicos, farmacéuticos, deportistas y algunos cuantos más.

Me refiero a la vitamina C, un nutriente fundamental en nuestra alimentación. Los químicos la conocemos como ácido ascórbico y los historiadores la mencionan como la vitamina antiescorbútica. Así que acá hay mucho de qué hablar.

Empecemos diciendo que es un nutriente porque al formar parte del grupo de las vitaminas, es imprescindible para una adecuada nutrición. Como su nombre lo indica es “vital”, y las primeras que se descubrieron, poseían un grupo “amino” en la molécula (para los no entendidos, este es un grupo funcional que tiene nitrógeno, que transmite ciertas características a los compuestos que lo contienen), en efecto, antiguamente se las llamó vital amine.

Son moléculas de gran interés biológico (biomoléculas) necesarias en dosis pequeñas para el crecimiento, la reproducción y la salud porque intervienen en distintas rutas metabólicas del cuerpo humano. Su función primordial es regular el metabolismo, o sea el conjunto de reacciones físicas y químicas que tienen lugar en las células de los seres vivos, para obtener materia y energía.

Para que una sustancia sea clasificada como vitamina, es necesario que su ausencia produzca una enfermedad específica, que se cura al proporcionar nuevamente dicha sustancia. En este caso, la ausencia de vitamina C produce escorbuto, una enfermedad que sufrían los navegantes del 1400, que no comían frutas y verduras frescas. Algunos de los síntomas son piel sensible y débil, encías sangrantes, dentadura débil, articulaciones hinchadas. Por eso cuando los historiadores hablan de los largos viajes de la conquista de territorios lejanos, hacen referencia a esta enfermedad producida por la falta de vital amine antiescorbútica.

Es una vitamina hidrosoluble, esto quiere decir que se disuelve en agua – por eso forma parte de los jugos elaborados en polvo – Como no se almacena en el cuerpo porque es eliminada  con la orina, debe reponerse frecuentemente en pequeñas dosis, por lo tanto tiene que ser parte de nuestra dieta diaria. Incluso es tan frágil que la temperatura de la cocción de los alimentos la elimina o destruye -está presente en el perejil, en los pimientos, en los tomates, en la espinaca- así es que es preferible consumirla fresca.

¿Han escuchado decir que conviene consumir jugos recién exprimidos? ¡Es por esta razón! Ya que es abundante en los frutos cítricos como la naranja, la mandarina, el limón, el pomelo, pero también está presente en el melón,  en el kiwi y en nuestras adoradas frutas finas patagónicas: en los cherries con pequeños carozos como las cerezas y las guindas, y en los berries, de sabor ácido, que perecen o se arruinan con rapidez: los arándanos, las frambuesas, las moras y zarzamoras, las grosellas, los corintos y las frutillas.

En este último punto, es interesante destacar que la denominación de “frutas finas” tiene que ver con una cuestión comercial y no botánica. Son no perecederas porque entre otros aspectos, tienen vitaminas en la composición, además poseen vitamina E; entonces requieren de cuidados exigentes y específicos una vez cosechadas y para ser transportadas. Comúnmente también se las conoce como “frutos del bosque”, asociándolos a las regiones boscosas andinas.

Pese a la importancia que tienen en la dieta saludable, la cantidad total de vitamina C requerida por día es alrededor de 20 mg. Aunque hay países que sostienen en sus códigos alimentarios y sanitarios, que la dosis necesaria es mucho mayor. Sepamos que una naranja completa nos brinda 83 mg de vitamina C y una mandarina entera nos brinda 36 mg, o sea que podemos quedarnos tranquilos que con una fruta entera que consumamos por día – sus gajos o su jugo – estaremos cumpliendo sobradamente con la dosis recomendada y evitaremos arrugas tempranas, algunas hemorragias frecuentes, y otros problemitas desagradables, además de los que sufrió la tripulación de Cristóbal Colón.

Para el final dejo un par de sugerencias: consumir más cítricos y frutas finas, y leer “Mi planta de naranja lima” de José Mauro de Vasconcelos, que no habla de la vitamina C, pero es un clásico infaltable en las bibliotecas.

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