miércoles 26 de junio del 2019

jueves 16 noviembre de 2017

Ya lo dice el refrán: “prevenir es mejor que curar”

Nuestra divulgadora científica asegura que el poder de las vacunas no se derriba con mitos. Una acción particular que deja huella en la salud de los demás. Hoy redescubrimos la importancia de las vacunas.

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Mi madre dice “más vale prevenir que curar”, creo que muchos repetimos ese refrán y creo también que es cierto. Prevenir es la acción de adelantarse a algún evento para minimizar efectos no deseados, por ejemplo una enfermedad.

En el ámbito sanitario la prevención responde a un conjunto de estrategias encaminadas a evitar o disminuir una enfermedad; tiene un sentido anticipatorio y pretende ampliar las condiciones de salud de los individuos y de la sociedad.

El cuerpo humano tiene un complejo sistema de defensa contra células extrañas o microorganismos que se introducen en el organismo produciendo enfermedades. Es el sistema inmunitario, compuesto por diferentes tipos de células y moléculas, que cumplen diversas funciones complementarias entre sí.

Ese complejo funcionamiento puede reducirse a una expresión, la reacción antígeno-anticuerpo. El antígeno es el elemento extraño, y el anticuerpo es el elemento (una proteína, químicamente hablando) que se une a él para inmunizar el organismo. La inmunidad puede ser natural, constituyendo un patrimonio heredado; o puede ser adquirida después de atravesar una enfermedad o mediante la técnica de la vacunación.

Una vacuna es una preparación destinada a generar inmunidad contra una enfermedad, estimulando la producción de anticuerpos. Proviene de microorganismos muertos o atenuados, o de derivados de microorganismos.

Habitualmente las vacunas se administran mediante una inyección y eventualmente con un vaporizador nasal u oral o en gotas. La primera vacuna fue desarrollada intuitivamente por un científico inglés a fines del siglo XVIII, época de amplio desarrollo de la microbiología como ciencia.

El proceso de inmunidad pone en contacto al antígeno con el sistema inmunitario del individuo, de manera que si a futuro se produjera la misma infección, el organismo tendrá un número elevado de defensas para combatir el agente causante.

El éxito de la vacunación depende de la elaboración de las vacunas, del transporte, del almacenamiento y de la técnica. La conservación de las vacunas debe respetar la cadena de frío durante todas las fases por las que transitan las vacunas, para garantizar la potencia inmunizante.

Las vacunas disponibles permiten prevenir más de 26 enfermedades infecciosas bacterianas y virales. En Argentina hay un calendario de vacunación de cumplimiento obligatorio, que incluye entre otras, unas vacunas nuevas: para las niñas a partir de los 12 años, que previene el papiloma humano causante de cáncer de cuello uterino, que este año se ha extendido a los varones; otra incorporada es la vacuna contra la meningitis en lactantes y adolescentes, y otra contra la neumonía a mayores de 65 años y personas con factores de riesgo.

La vacuna antirrábica humana -descubierta por Pasteur- se debe ofrecer a las personas con elevada exposición a la rabia, como veterinarios, aquéllos que trabajan con animales, exploradores, etc, y también se debe considerar para las personas cuyas actividades los ponen en contacto frecuente con animales posiblemente rabiosos y para personas que viajan internacionalmente y que tienen probabilidades de tener contacto con animales en partes del mundo en donde la rabia es común.

La rabia es una enfermedad viral que afecta al sistema nervioso de los mamíferos, incluyendo a los seres humanos, no tiene cura y produce la muerte.

En la Argentina perros y gatos principalmente, y también murciélagos y zorros, son los más afectados; el virus es portado en la saliva, cualquiera de ellos ataca al hombre, muerde y el virus ingresa al organismo por la mordedura, por eso el primer paso después de un ataque es lavar la herida con abundante agua y jabón, y luego dirigirse a un centro médico que indicará el tratamiento, incluyendo la vacuna y la detección del animal enfermo, con el cual también hay que realizar profilaxis; vacunar a los perros y gatos desde los 3 meses de edad y una vez por año durante toda su vida, es el punto clave para prevenir esta enfermedad.

Hay varios mitos arraigados en la gente que contrastan el poder de la vacunas, la mayoría de ellos son falsos, por ejemplo: “Es mejor la inmunización por la enfermedad que por las vacunas”; “La gripe es sólo una molestia y la vacuna no es muy eficaz”; “Las enfermedades de la infancia son algo inevitable en la vida”; “Las vacunas no son necesarias con mejores condiciones de higiene “, etc.

Todas las enfermedades y sufrimientos que se pueden prevenir mediante vacunas, son graves y pueden acarrear importantes complicaciones tanto en niños como en adultos. Los niños no vacunados quedan innecesariamente vulnerables. Muchas infecciones se pueden propagar independientemente de la higiene que mantengamos.
Si las personas no estuvieran vacunadas, algunas enfermedades reaparecerían rápidamente.

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