sábado 23 de marzo del 2019

Por: Alejandro Maglione

@MaglioneSibaris

miércoles 16 agosto de 2017

Turistas vs. Viajeros. Y vos ¿de qué lado estás?

La fauna turística es variada. Pero hay dos grandes grupos en los que tranquilamente se pueden ubicar al resto de las especies: turistas o viajeros. Los unos bien diferentes de los otros, ni mejores ni peores, sólo distintos. Un detallado análisis de cada uno de estos perfiles en la afilada pluma de nuestro sibarita favorito.

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Tema complejo. Hace unos 50 años tuve oportunidad de ver un par de filmes que me marcaron con el tema del turismo de por vida: “Las vacaciones de Monsieur Hulot” de Jacques Tati; y la otra “Si es martes debe ser Bélgica”, del director Mel Stuart. En ambas el planteo era similar, repletas del humor inocente de los años ’60, describiendo la locura del trato de los turistas como manadas, por una parte; y el programar un viaje de 7 días con 10 países por visitar. Ambas están en Internet y recomiendo verlas a todo el mundo, pero especialmente los que se dedican al turismo de alguna forma. Veamos algunas diferencias entre un viajero y un turista.

La superficialidad. El turista programa su viaje para recorrer rápidamente varios países o regiones, en un período de tiempo normalmente corto. El viajero no desea tanto contar en cuántos lugares estuvo, como conocer el lugar y la gente que lo habita. Esto hace su viaje más largo y profundo.

¿Viajeros o turistas?

La vida de relación. El turista se moverá, en la medida de lo posible, con sus compañeros de excursión. Su tribu. Los vecinos con los que se ve el año entero en el country. Cuando no con sus compañeros de trabajo con los que pasa buena parte de sus días. Solo se comunicará con ellos y se preocupará por llegar a tiempo a aprovechar la cena incluida, ya que nada puede ser más interesante que aprovechar cada dólar invertido. Un viajero elegirá comer donde va la gente del lugar, o al menos comer con alguien que le pueda agregar conocimientos nuevos y no tenerlo repitiendo anécdotas de su vida durante el año laboral.

El cansancio. El turista regresa agotado de excursiones, de subir y bajar de vans, de tomar aviones cada dos días. El viajero se demora en cada lugar, por lo que su viaje es un auténtico descanso.

Las fotos. El turista mostrará sus decenas de fotos del sinfín de lugares recorridos en 7 días. El viajero mostrará un puñado de fotos de los pocos lugares donde se detuvo a conocer nuevos paisajes, tener nuevas experiencias, y sobre todo conocer nuevas personas.

Los lugares. El turista parará ante el paisaje o lugar que le indica su guía. Tomará fotos sin descanso. Y seguirá la carrera de postas que le han propuesto recorrer diariamente. El viajero quizás se detenga un día entero en un lugar que le atrapó la mirada y el corazón, y disfrutará sin siquiera mirar el reloj.

Hiperconexión. El turista pasará el día corriendo tras el wi-fi para poder mantenerse conectado a la oficina; a los hijos, que posiblemente estén descansando de él. El viajero se olvidará que lleva su celular, y posiblemente se conecte a la hora de llegar a un hotel.

Transporte. El turista tendrá todo contratado diariamente, de lo contrario usará un taxi. El viajero preferirá el ómnibus o el subterráneo para moverse de un lado al otro. El transporte público no solo permite conocer costumbres cotidianas, sino ver a la gente del lugar en su faena cotidiana.

Idioma. El turista volverá del Brasil orgulloso porque aprendió a decir “obrigado” para agradecer algo. Hasta le parecerá graciosa la situación de no saberse hacer entender, no sabiendo que en el fondo todos le tendrán algo de pena. El viajero se preocupa de inmediato por manejar el puñado de palabras que le permitirán pedir un huevo frito sin necesidad de cacarear para comunicarse (ejemplo verídico).

La comida. El turista buscará aprovechar al máximo las comidas de su hotel. El viajero irá al mercado y verá de hacerse de algunos productos para comerlos en la tranquilidad de su habitación o en un parque. La comida callejera suele ser una experiencia en muchos lugares del mundo. Si estuvo en París y no comió una baguette de jamón en un banco de plaza, le aconsejo que vuelva y lo haga. Vale el viaje.

Hotel. Ciertamente en el hotel encontrará una gran seguridad. Pero la riqueza de una buena convivencia en una posada atendida por sus dueños, suele ser una invalorable fuente de información del lugar que se visita. Lógicamente, el turista preferirá el primero y el viajero el segundo alojamiento.

El equipaje. El turista, especialmente su esposa o quien lo acompañe, se sentirá obligado a cambiar de ropa frecuentemente, mostrando a propios y extraños su poblado guardarropas. El viajero viaja ligero de equipaje –como canta Joan Manuel Serrat- porque por encima de todo, el objetivo de su viaje no ha sido ni será, convertirse en un protagonista de un tour de compras o de un desfile de modelos.

Conclusión. No tengo nada en contra del turista aquí descripto. De hecho lo aprecio particularmente. ¿Usted, con quién se identifica más?

 

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