miércoles 23 de enero del 2019

Por: Alejandro Maglione

@MaglioneSibaris

miércoles 24 enero de 2018

Vinos: sobre gustos no hay nada escrito ¿O sí?

Aunque lo parezca, no todo está dicho en el mercado de los vinos. A la hora de encontrar los secretos para vender con éxito la bebida espirituosa, parece que a muchos se les terminaron las teorías. ¿Y quién hace un pormenorizado análisis de la cuestión? Nuestro sibarita favorito, obvio.

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El estudio. El circuito del vino está cada vez más complejo. Se vuelcan al mercado centenares de marcas sólo en la Argentina y los que deben comercializarlos tienen que examinar detenidamente cómo se puede atraer al consumidor final.

Esta preocupación es mundial. Los franceses, italianos o españoles saben que es, posiblemente, menos complicado vender sus vinos porque hay una percepción de los amantes de la bebida sobre que sus productos son prima facie de buena calidad.

Vinos: en las diferencias está el poder de una buena copa

La verdad de la milanesa es que cuando se ha tenido oportunidad de viajar y probar vinos por doquier, se accede al conocimiento de que cualquiera de los países mencionados, como otros no mencionados, hacen vinos excelentes y de los otros. Así es, en estos países, como en cualquiera que sea reconocido productor de vinos, por caso nuestro país, el precio deja de ser una referencia de calidad, por lo que el único árbitro en definitiva es nuestro propio paladar. Si bien, estaremos atentos al costo a la hora de tomar una botella para comprarla.

A veces el paladar se guía por conceptos estrictamente técnicos, a veces interviene el hedonismo o la preferencia que tenemos respecto de una determinada cepa o marca de vino, o directamente su origen. Los estudiosos científicos sostienen que hay que estudiar cuidadosamente el papel que desempeñan las emociones en las preferencias del consumidor.

Españoles al ataque. La revista Food Quality and Preference realizó un estudio en torno a estos temas con una evaluación sensorial de los vinos realizada por un panel capacitado (11 en total: 5 mujeres, 6 hombres, profesores e investigadores de la Escuela de Agricultura, Alimentos e Ingeniería de Biosistemas de la Universidad Politécnica de Madrid en España), y una evaluación del consumidor de los vinos con un análisis de respuesta emocional adicional, que agrandó el panel a 208 personas.

Se eligieron 6 vinos comercialmente disponibles en el estudio: 2 blancos, 1 rosado y 3 tintos.

Los datos. Luego los panelistas tuvieron que calificar con lo que se llamaba puntaje hedónico, que quiere decir analizando exclusivamente el placer que les producían los vinos y otro nivel de evaluación acerca de la reacción emocional.

Tengamos en cuenta que ya por otro lado alguna vez alguien había estudiado la reacción neurológica al momento de beber calmamente una copa del vino favorito. La sorpresa de los científicos fue grande cuando advirtieron que a los examinados se les “encendían” prácticamente las mismas partes del cerebro que cuando se los controlaba a la hora de escuchar su música favorita. Eran los centros del placer, básicamente.

Para delicia de los sufridos charlistas del vino, que ven agotarse rápidamente los adjetivos a aplicar a los caldos que catan en público, aparecieron algunas curiosidades:

Solo 4 de los 26 términos no mostraron una asociación significativa con los vinos (“aventurero”, “libre”, “salvaje” y “preocupado”). (Sé que estoy tirando ideas. En una cata multitudinaria no muy lejana, una experta presente habló de un vino “incómodo”. Sí, incómodo como un sofá. En la ocasión pregunté si el término lo usaba por ejemplo para comentar los ravioles del domingo “che vieja, estos ravioles están incómodos.” No me respondió, ni volvió a saludarme)

Los términos de emoción “bueno”, “feliz”, “alegre”, “suave” y “agradable” se asociaron positivamente con aromas / sabores afrutados y florales en los vinos.

Los términos de emoción “agresivo” y “culpable” se asociaron con los aromas / sabores de vainilla, clavo de olor y regaliz. “Agresivo” también se asoció con características astringentes.

Observando el género, los hombres tienden a puntuar las emociones más que las mujeres, y en términos de edad, los adultos mayores tienden a puntuar las emociones más que sus contrapartes más jóvenes.

Conclusión. Se constató, entre otras cosas, que en nuestras mentes agrupamos las cosas de manera diferente más por gusto que por emoción. Este hallazgo, de alguna manera, hace que las cosas sean más difíciles para los educadores y comercializadores de vinos, ya que ahora hay un nivel adicional de complejidad para pensar al tratar de llegar a la audiencia de consumidores objetivo.

Personalmente, desde el punto de vista comercial, me hubiera gustado que los vinos también hubieran sido segmentados por precios. Creo que el consumidor enfrentado a una góndola de supermercado, además del placer que le produjo tal o cual vino, y de los sentimientos que experimentó la vez anterior que lo bebió, observa atentamente el precio de venta. Algunas bodegas parecieran no notar este factor tan decisivo.

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