lunes 09 de diciembre del 2019

Ambiente

sábado 28 septiembre de 2019

Los océanos en peligro por el calentamiento global

El informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático.

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De acuerdo con un demoledor reporte de las Naciones Unidas publicado el miércoles, el cambio climático está calentando los océanos y alterando su química de manera tan dramática que está amenazando el suministro de alimentos marinos, estimulando ciclones e inundaciones y planteando amenazas significativas a los cientos de millones de personas que viven a lo largo de las costas.

El informe concluyó que los océanos y las placas de hielo del planeta están bajo una presión tan intensa que las consecuencias podrían ser difíciles de contener para los humanos sin una reducción abrupta de las emisiones de gases de efecto invernadero. La población de peces ya está en declive en muchas regiones donde el calentamiento del agua ha alterado los ecosistemas marinos, según el informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, un grupo de científicos convocados por las Naciones Unidas para guiar a los líderes mundiales en la formulación de políticas.

“Los océanos nos están mandando demasiadas señales de advertencia para que controlemos las emisiones”, afirmó Hans-Otto Pörtner, biólogo marino del Instituto Alfred Wegener de Alemania y uno de los autores principales del informe. “Los ecosistemas, las redes alimentarias, las reservas de peces, todo está cambiando, y esta crisis está afectando a los humanos”.

El reporte señala que la combinación de las temperaturas más elevadas del océano con el aumento constante del nivel del mar está poniendo en mayor riesgo a las regiones costeras, lo que empeora un fenómeno que ya ha venido fomentando la creación de tormentas como el huracán Harvey, el cual devastó Houston hace dos años.

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Durante décadas, los océanos han servido como un amortiguador crucial contra el calentamiento global, succionando aproximadamente un cuarto de todo el dióxido de carbono que los humanos emiten desde las plantas de energía, las fábricas y los automóviles, y absorbiendo más del noventa por ciento del exceso de calor atrapado en el planeta por el dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero. Sin esa protección, la tierra se calentaría de manera mucho más acelerada.

Pero, de acuerdo con el informe, los océanos se están volviendo más calientes, ácidos y están perdiendo oxígeno. Si los humanos continúan expulsando gases invernadero a la atmósfera a un ritmo creciente, los ecosistemas marinos que ya de por sí están encarando amenazas de residuos plásticos marítimos, prácticas de pesca insostenibles y otras tensiones producidas por el hombre, estarán aún más debilitados.

“Somos un mundo marítimo, dirigido y regulado por un solo océano, y estamos llevando ese sistema de soporte vital a su límite debido al calentamiento, la desoxigenación y la acidificación”, afirmó Dan Laffoley, de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, un importante grupo ambiental que monitorea el estado de las especies animales y vegetales, en respuesta al reporte.

Más de siete mil estudios

El informe, escrito por más de cien expertos internacionales y fundamentado por más de 7000 estudios, representa la mirada más extensa hasta la fecha a los efectos del cambio climático en los océanos, las placas de hielo, la nieve acumulada de montaña y el permafrost.

Los cambios que ocurren en lo más profundo del océano o en lo más alto de las montañas no son siempre tan evidentes como algunas de las otras características del calentamiento global, como las olas de calor terrestres, los incendios forestales y las sequías. Sin embargo, el reporte deja en claro que lo que sucede en estas regiones remotas tendrá un efecto multiplicador en todo el planeta.

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Por ejemplo, el informe señala que, a medida que las placas de hielo de Groenlandia y la Antártida se derritan y eleven los niveles del mar, las inundaciones extremas que solían ser históricamente inusuales podrían empezar a ocurrir, en promedio, una vez al año o más en muchas regiones costeras durante este siglo. La rapidez con la que esto suceda dependerá en gran medida de la habilidad de la humanidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que aumentan el calentamiento del planeta.

Alrededor del mundo, los glaciares de las montañas están retrocediendo rápidamente, lo que afecta la disponibilidad de agua para millones de personas que dependen de las corrientes de deshielo para tener agua potable, regar tierras agrícolas y producir electricidad a través de represas y energía hidráulica.

Sin embargo, algunas de las advertencias más severas del informe son concernientes al océano, donde ya se están realizando grandes transformaciones.

La frecuencia de las olas de calor marítimas —que pueden matar peces, aves marinas, arrecifes de coral y hierbas marinas— se ha duplicado desde los años 80. Muchas poblaciones de peces están migrando lejos de sus zonas usuales hacia aguas más frescas, por lo que las industrias pesqueras locales están teniendo dificultades para mantener el ritmo. El reporte señaló que el hielo flotante en el océano Ártico está disminuyendo a índices que son “probablemente inauditos desde hace al menos mil años”.

El informe acota que algunos patógenos están proliferando en aguas más cálidas, incluyendo las bacterias vibrio, que pueden infectar a ostras y otros mariscos y que ya están afectando anualmente a más de 80.000 estadounidenses que consumen alimentos marinos crudos o poco cocidos.

“Ese es un buen ejemplo de cómo los cambios en el océano pueden afectar incluso a personas que viven lejos de las costas”, afirmó Sherilee Harper, experta en salud pública de la Universidad de Alberta y una de las autoras del informe.

El reporte advierte sobre la posibilidad de mayores cambios dramáticos. Por ejemplo, si las emisiones de combustibles fósiles continúan aumentando con rapidez, la cantidad máxima de peces en el océano que pueden ser capturados de manera sostenible podría disminuir una cuarta parte para este fin de siglo. Eso tendría implicaciones aplastantes para la seguridad alimentaria mundial: los peces y los mariscos proveen cerca del 17 por ciento de la proteína animal mundial, y millones de personas dependen de la economía pesquera para su sustento.

Se prevé que las olas de calor en el océano lleguen a ser de 20 a 50 veces más frecuentes este siglo, dependiendo de cuánto aumenten las emisiones de gases de efecto invernadero. Se pronostica que ecosistemas dinámicos subacuáticos como los arrecifes de coral, los bosques de kelp y las praderas marinas sufrirán daños graves si las temperaturas globales aumentan, aunque sea ligeramente, por encima de los niveles actuales.

Adaptación

Además de que recomienda a las naciones reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero para disminuir la severidad de la mayoría de estas amenazas, el informe también señala que los países deberán adaptarse a muchos cambios que ya pasaron a ser inevitables.

Por ejemplo, incluso si las naciones eliminaran con rapidez sus emisiones de gases de efecto invernadero en las próximas décadas y limitaran el calentamiento global muy por debajo del incremento de dos grados Celsius con respecto a los niveles preindustriales —un objetivo consagrado en el Acuerdo de París, un pacto entre naciones para combatir el calentamiento—, los océanos del planeta y los paisajes helados de cualquier manera terminarían luciendo muy distintos para el final del siglo en comparación con la actualidad. Los arrecifes de coral de agua templada seguirían sufriendo casos masivos de mortandad. Los niveles del mar a nivel mundial todavía podrían elevarse de 30 a 60 centímetros más este siglo conforme los glaciares y las placas de hielo se sigan derritiendo. Las poblaciones de peces seguirían migrando, lo que dividiría a las naciones pesqueras en ganadoras y perdedoras y podría conducir a mayores conflictos, de acuerdo con el reporte.

Para afrontar estos problemas, dice el informe, las ciudades costeras van a tener que construir costosos diques y muchas personas probablemente van a tener que alejarse de las zonas de baja altitud. La industria pesquera tendrá que eliminar prácticas de pesca insostenibles para evitar que las reservas de alimentos marinos colapsen. Las naciones también tendrán que expandir las zonas protegidas del océano para ayudar a los ecosistemas marinos a resistir las condiciones cambiantes.

Fuente: The New York Times Company.

 

 

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