lunes 11 de noviembre del 2019

Pesca y Puertos

jueves 15 agosto de 2019

Pescadores abandonan un buque “gemelo del Rigel”

Denunciaron que el barco era “totalmente inestable”. El Rigel  es un pesquero que se hundió hace un año mientras pescaba langostino.

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La tripulación del buque marplatense Aldebarán, gemelo del siniestrado Rigel, que está pescando langostino en aguas nacionales, decidió bajarse del buque argumentando que es “totalmente inestable”. Desde el Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU) pidieron a Prefectura que realice una inspección técnica a la nave y que la Secretaría de Trabajo intervenga.

El Aldebarán, gemelo del Rigel, hundido hace un año a la altura de Rawson, es un buque con largos antecedentes por su estado y las modificaciones a las que fue sometido en más de una oportunidad para poder ir a la temporada de langostino.

No fueron diseñados como tangoneros

Según se desprende de una denuncia presentada por el SOMU, en base a la advertencia de la multisectorial “Ningún Hundimiento Más”, tras el relato de trabajadores, la tripulación se bajó del buque “porque es totalmente inestable; se habría tumbado varias veces”, ya que el Aldebarán, igual que se dijo en su momento del Rigel, no fue diseñado para la pesca con tangones.

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En consecuencia, la Prefectura deberá realizar una inspección técnica para garantizar la seguridad de los trabajadores que decidan embarcarse en el buque. Asimismo, los marinos presentaron una nota a la delegación local de la Secretaría de Trabajo, notificando a las autoridades del área sobre lo ocurrido en el puerto.

Agua en los camarotes

En diciembre, tras una serie de denuncias de la Multisectorial “Ningún Hundimiento Más”, el barco debió ser parado por Prefectura al constatar las reparaciones a las que debía ser sometido antes de salir a navegar. Por ejemplo la filtración de agua en la zona de camarotes, que intranquilizaba a los trabajadores.

54 años de antigüedad

El buque es gemelo de otra embarcación tristemente célebre en el puerto como el Rigel. Se trata de una nave de 54 años de antigüedad cuyo dueño es Leandro Ciccolella. Según se desprende del relato de trabajadores, desde hace tiempo el buque escoró más de una vez producto de las modificaciones y, además, el empresario dejó de contratar a los marinos que denunciaban estas situaciones que vivían a bordo.

 

 

 

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